martes, 8 de marzo de 2011

BENCHMARKING Y EDUCACION

El desarrollo del benchmarking (BM) como herramienta para mejorar el desempeño de una organización data de la década de los setentas y se considera a Robert Camp como el padre del mismo. Fue R. Camp quien al estar estrechamente involucrado en el proceso de BM en la empresa Xerox, escribió en 1989: “En búsqueda de las mejores prácticas industriales para lograr un desempeño superior” (The Search for Industry Best Practices that Lead to Superior Performance) el primer libro sobre BM.


Según Tim Stapenhurst existen tantas definiciones de BM como autores han escrito del tema; pero sugiere como definición más acertada la siguiente: Un método para  medir y mejorar el desempeño de una organización a través de la comparación con el líder del mercado en la actividad que se desarrolla. En otras palabras, aprender de las organizaciones que lideran un área para mejorar la situación actual de otras organizaciones de menor desempeño en la misma área.

Mucha gente considera al benchmarking como una herramienta apropiada solamente para la industria y comercio; sin embargo, puede hacerse extensiva a otros rubros, entre los cuales se puede mencionar la educación. Se podría decir entonces que  el BM puede constituirse en una poderosa herramienta para mejorar la calidad educativa de un colegio, instituto de formación técnica, universidad, y  por qué no decirlo de todo  un sistema nacional de educación.

Para poder llevar a cabo un proceso de BM educativo es preciso, en una primera instancia, estudiar cuidadosamente las prácticas de  las organizaciones o sistemas educativos con mejor desempeño en un área en la cual tengamos un problema, o simplemente queramos aprender algo nuevo de otras organizaciones o sistemas. Posteriormente, después de un minucioso análisis de las propias prácticas, se procede a la comparación de las mismas con las de los líderes para poder así determinar la brecha existente de desempeño, y de esta manera  tomar medidas correctivas apropiadas para aminorar la diferencia.

Es necesario aclarar que el BM no consiste simplemente en copiar lo que los mejores hacen, sino en reflexionar sobre el por qué a los sistemas u organizaciones educativas líderes les va bien con dichas prácticas, y al mismo tiempo adaptar las mencionadas  prácticas a nuestra realidad con la esperanza que den como resultado una mejora real en el desempeño. En este punto es vital recordar las palabras de Edward Deming: “copiar un ejemplo de éxito, sin la comprensión del mismo con la ayuda de la teoría, podría llevar al desastre”.

No existe una única manera de realizar el BM educativo, pero si dos formas que podrían ser las más apropiadas para este sector. La primera es el BM uno a uno, o tradicional, en la cual una organización visita a otra (un ejemplo real de este tipo de BM es el llevado a cabo por expertos en educación de U.S.A que visitaron Finlandia el pasado enero con la finalidad de estudiar su sistema educativo, (http://ascd.typepad.com/blog/2011/01/finland-what-will-translate.html); y  la segunda es el club de las mejores prácticas (http://www.bpclub.com), que consiste en una comunidad virtual de organizaciones que realizan BM permanente de manera conjunta, según las necesidades de cada organización. En ambos casos es imprescindible seguir los pasos de planificación,  ejecución y evaluación de las mejoras.

Para concluir, un ingrediente importante en todo proceso de BM es la humildad para poder aprender de otros, y poder verse a si mismos de una manera objetiva; es decir, medirse con la misma vara con la que se va a medir a los otros.  Resultan interesantes, en este contexto, las palabras de Carlos Llano Cifuentes, “sin humildad resulta imposible reconocer que siempre puede haber otro que sea capaz  de hacer las cosas mejor”.