viernes, 30 de noviembre de 2012

PUNTOS CRÍTICOS DE CONTROL EN LA EDUCACIÓN


Un punto crítico de control  es definido como cualquier punto o etapa en un proceso  dónde la pérdida de control puede automáticamente tener un resultado negativo, y muchas veces definitivo en el producto final. Con la finalidad de obtener un producto o servicio seguro y de calidad es preciso detectar los puntos críticos de control, y tomar las medidas pertinentes para evitar un desenlace no previsto. Es así que, haciendo una semejanza con  lo que sucede en  procesos industriales, se pueden identificar dichos puntos críticos en la educación para prevenir  resultados no deseados.

 Aunque pueden existir varios puntos críticos de control en educación,  el más significativo lo constituye  el atraer y retener recursos humanos  de calidad. Es de vital importancia aumentar de manera sostenida el capital intelectual; tanto del  sector, como de las organizaciones educativas  para lograr mejoras reales considerables que tengan impacto en la sociedad.  Este aumento de capital sólo se puede lograr con la incorporación de personas  con la formación correcta, la experiencia adecuada y una personalidad compatible con las tareas que desempeñan en el ámbito educativo. Insistir en que los mejores y más brillantes entren a las labores docentes no es una idea descabellada, después de todo, todas las personas que trabajan en las distintas ocupaciones son  producto del sistema educativo, y la sociedad entera se beneficiaría de tal iniciativa.

 Si se considera la siguiente frase: “La calidad de un sistema educativo tiene como techo la calidad de sus docentes”, entonces, se hace manifiesta la necesidad de contar con políticas eficaces para atraer y retener al recurso humano con mejor perfil. La experiencia de los   sistemas educativos con alto desempeño, a nivel mundial,  resalta  la importancia  de la calidad docente para impulsar el aprendizaje de sus estudiantes, y  sugiere prestar atención a las siguientes políticas con la finalidad de lograr mejoras considerables en cualquier sistema educativo (Mourshed & Barber, 2008):

1.    Conseguir a las personas más aptas para ejercer la docencia;

2.    Desarrollarlas hasta convertirlas en instructores eficientes; y

3.    Garantizar que el sistema sea capaz de brindar la mejor instrucción posible a todos los estudiantes.

Las anteriores   políticas  son dignas de ser tomadas en cuenta por cualquier sistema educativo que precise una mejora considerable en su desempeño; y en consecuencia, una mejora en el bienestar general de la población atendida.

Tal como sostiene Jim Collins en su libro Good to Great, el primer paso para obtener grandes resultados es  lograr que la mejor  gente se suba a bordo, pues el éxito de cualquier actividad humana depende en mayor grado  del factor humano, antes  que de cualquier otro factor. Así también lo expresó Edward W. Deming al decir que la calidad en el resultado de un proceso está en proporción directa con la competencia y comportamiento de las personas que participan del mismo.

Así pues, para que el sector educativo logre que las  personas más aptas consideren a la educación como una opción, y garantice de esta manera altos estándares profesionales en la práctica docente;  es preciso, en una primera instancia, mejorar substancialmente las condiciones laborales de los profesionales de la educación. También, se deben instaurar exámenes rigurosos para poder ingresar a la carrera docente en todo nivel del sistema educativo, e instaurar elevados estándares de calidad para la práctica docente. Estas medidas, además de los beneficios inherentes, aportarían otros beneficios indirectos, tales como, una  mejora gradual del prestigio social, y aumento de la calidad de la profesión docente. Y como consecuencia ineludible,  cada vez se    contarían con mejores candidatos para las labores educativas.

En este contexto, las organizaciones educativas también tienen una  tarea vital que cumplir, la misma consiste en  cambiar la noción de gasto por una de inversión, es decir, pensar  que si se aspira a retener al personal de valía, es preciso invertir en él y desarrollarlo. Además, se debe  mejorar ampliamente la propuesta de valor para el empleado, o  balance entre beneficios y recompensas percibidas por el trabajador como resultado de su desempeño en el puesto de trabajo.  La misma debe incluir oportunidades para desarrollarse profesionalmente, un buen plan de beneficios, participación en la toma de decisiones, y, por supuesto, una compensación atractiva. En pocas palabras, la idea es hacer de la organización  educativa  un lugar tan atractivo que ninguna persona que genere valor para la misma se quiera ir.

Finalmente, vale la pena, por su huella en la sociedad,  detenerse a pensar en la educación y cómo mejorarla; reflexionar en ¿Cómo sería la educación si se le diera la importancia suficiente?, y ¿qué pasaría si los profesionales más aptos estuvieran en las aulas educando a nuestras hijas e hijos?.  Sólo aumentando el capital intelectual de una sociedad se puede cambiar el rumbo de un país; esto último se logrará atrayendo, desarrollando,  y reteniendo a las personas más aptas para ejercer las labores educativas.

 

 

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